miércoles, 15 de agosto de 2012

LO QUE MÁS NOS HA GUSTADO DE CUBA...



¿Y qué es lo que más nos ha gustado? ¿Cuál ha sido el lugar donde al llegar hemos dicho “aquí me quedaría un mes entero”?
Pues bueno, esto lo hemos sentido en dos lugares de la isla, en Baracoa y en Viñales. Naturaleza, aire puro, buenos precios y buena gente. 


BARACOA

En Baracoa conocimos a José Luis. Tras hablar con él durante un rato, nos preguntó si teniamos algún USB para su hija, los CDs se rayaban y ya no sabía que hacer. Le dijimos que sí, y nos propuso un cambio: un USB por una de sus cajitas de madera. Aceptamos. 

Como habíamos traído unos cuantos y la verdad es que en Europa te regalan uno en cada esquina, le llevamos dos, y agradecido nos ayudó a colarnos en una de las playas más bonitas del lugar, Playa Blanca. Una cala de arena blanca, agua cristalina, donde al principio estuvimos completamente solos y al final del día nos hicieron sentir como dos cubanos más.





Por la noche nos invitó a su casa a cenar. Su mujer nos preparó unos huevos revueltos, platano frito, una ensalada de tomate (tomate de verdad, no del super que sabe a plástico) y un buenísimo chocolate. El chocolate de Baracoa tiene mucha fama y la verdad es que está increiblemente bueno. 



VIÑALES

Viñales es el segundo lugar que más nos ha gustado. Es un valle que se encuentra en la región de Pinar del Río. Cuando llegas, parece que estés en Asia, rodeado de mogotes y de una naturaleza increíble. Podríamos decir que Baracoa es el paraíso costero de Cuba, y Viñales el paraíso de montaña. Un lugar donde intrépidos escaladores de todo el mundo prueban su destreza en sus empinadas montañas, donde liar un puro se vuelve arte, y donde todo se sigue preparando como hace años y años. 




Allí conocimos a una familia espectacular. Cuando Julieta nos vio al bajar del autobús nos dijo “veniros conmigo, yo seré vuestra segunda madre en Cuba” y la verdad es que así fue. Yadexis, Junior, Jade y Julieta, nos abrieron las puertas de su casa como si fuera la nuestra. Además, la casa nos encantó, y tomar una cerveza o un ron en su terraza viendo el valle de Viñales al atardecer fue un lujo. Les propusimos ayudarles con el negocio y hacerles la página web a cambio de unas cuantas comidas. Les pareció estupendo, aunque lo que en realidad no tuvo precio fue marchar de allí con lágrimas en los ojos y prometiendo no perder el contacto nunca más. Y de momento, así ha sido. 



En cuanto tengamos la web lista, la publicaremos en el blog. Y si alguno de vosotros pasa por allí, no dudéis en visitarlos.  

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